jueves, 17 de noviembre de 2011

miércoles, 27 de julio de 2011


martes, 19 de julio de 2011

miércoles, 1 de junio de 2011

viernes, 17 de diciembre de 2010


Búscate un amigo que te falle,
un amor que te maldiga,
busca un sueño que te estalle,
para que aprendas que de migas,
se construye el porvenir~~

domingo, 8 de agosto de 2010

Hoy no es un buen día.-

Hasta hoy a las dos de la tarde, me rebuscaba cómo poder escribir una objeción innecesaria a cerca del día del niño. Pero como no pude, simplemente me digné a borrar lo que había escrito en la hoja de Word y a pensar en otra cosa que no sea quejarme. Las cosas no pasan de pura casualidad; ¡Qué coincidencia! O ¡Qué locura! Que siempre llega la noche y todos los días a estas horas hay algo que me desilusiona, sorprende o simplemente me hace pensar y hacerme amiga de los documentos de Word.
Hoy me levanté como a las doce, quizás un toque antes; ya desde entonces tenía el inconveniente de que creía que mínimamente eran las cuatro de la tarde pasadas, ya que a la noche anterior, me vi obligada a quedarme en el vicio hasta altas horas de la noche.
Siempre, todas las mañanas me despertaban ruidos raros. Esta mañana no fue un ruido, si no la voz de mi padre charlando con voz dulce con la novia por celular desde la parte de atrás de mi casa (porque mi vida es tan insípida, que la ventana de mi pieza da para adentro de mi propia casa). Charlaban de cosas que no me digné a escuchar; valla a saber si era por que estaba muy dormida o porque simplemente no quería escuchar toda sarta de frases cursis que se decían entre ellos. Al rato de que me percaté de aquello, colgó el teléfono mandando un beso, un ‘te amo’ oportuno y una frase que me dio la pauta de que mi padre no se quedaría en casa; “Si, enseguida voy para allá”. No se a donde fue, pero cuando me levanté para ver de que se trataba, mi padre estaba en el coche, justo para salir. Se vió obligado a bajarse del auto, ya que un paquete sobre uno de los sillones me despertó la curiosidad de querer preguntarle a los gritos qué era. Cuando se acercó, me dijo que era para mi y que se iba a “comprar pasta”. Cerré la puerta y con alegría me llevé el paquete para mi habitación; aunque poca fue a felicidad, ya que al abrir el envoltorio, era una mochila sumamente poco femenina, gris, negra y roja, con muchos cierres y bolsillos. Yo que esperaba otro tipo de cosa. Dentro de la bolsa no había ni siquiera una tarjeta, y dentro de la mochila todavía estaba el nailon que la inflaba para la muestra ante el público. Al ver el regalo, no pude ser menos egoísta de pensar “Qué regalo de mierda. Teniendo una novia con súper buenos gustos no le pidió ayuda para darse cuenta mínimamente que soy mujer”. Por esa razón cuando mi hermano se fue de la computadora, quise escribir a cerca de las cosas que me molestaban del día del niño, pero como eran pensamientos muy egoístas, simplemente hice lo que explicaba mas arriba y otras ideas que daban referencia a la suma de el clásico sentimiento frustrante de que siempre, en todos los aspectos de la vida, va a haber algún pelotudo inadaptado que te va a decir “yo tuve un día re lindo; y recibí muchísimos regalos”. Una locura.
Mi padre volvió, con la pasta que me había dicho que compraría. Comimos los tres juntos y luego, el que Tiziano (el hijo de Laura) haya dejado sus acaramelados y sucios juguetes en casa, fue una excusa perfecta para salir corriendo a la casa de la madre de Laura para alcanzarle los juguetes.
No le di importancia en ningún momento; ya que tener la computadora enfrente me estupidizó lo suficiente como para no percatarme de sus acciones.
Mi padre volvió a eso de las siete y media, ocho de la noche; sin excusas y con una felicidad notoria; no le quise preguntar nada, porque al día anterior, había leído una frase en el mostrador de un negocio que decía:
Me di cuenta que comiéndome las palabras, se puede hacer una dieta equilibrada
Pasaron las horas, y de una forma tal, que encerrada en mi casa de la forma más hogareña posible, en ese tiempo que mi padre estuvo ausente me auto hice un regalo del día del niño titulado “Lemon Pie Instantáneo”. Busqué instrucciones en Google e incluso batí a mano durante media hora una puta crema que debía quedar con aspecto a la crema Chantillí.
Nadie me llamó, nadie me mandó un saludo, a nadie le importó el hecho de que había alguien necesitando una mínima palabra de cariño. Es ahora que escribiendo la frase anterior, me doy cuenta que ni siquiera mi madre me había mandado un mensaje o me llamó en todo el día.
Hablando con Japón me di cuenta de todas estas cosas en dos segundos, ya que ella me contó que se tuvo que duchar rápido ya que la madre la llevaba a cenar afuera por el día del niño.
Mientras ella ahora está quien sabe si en camino o ya en el restaurante, mi padre aún está sentado en el sillón mirando valla a saber qué canal de televisión.
Lo que me indigna,
no es no haber recibido un regalo bonito.
Lo que me indigna, es que
me haya cambiado por una joven de 27 años con un hijo de dos a cuestas. Muchos dirían, “No te cambió, no seas boluda, quedate tranquila”. Pero mínimamente tendrían que entender mi posición, ya que en todo este tiempo, mi padre me trató como la hija única siempre, ya que mi hermano hacía su vida a su manera y nadie podía decirle nada.
Me siento un pañuelo y/o vasito descartable.
Qué día del niño de mierda.

jueves, 29 de julio de 2010

Cap.8 [Narra Edward]~

Tan pronto James acabó de decirme aquellas palabras semi-hirientes, me dirigí hacia el solarium, al cual, no estaba seguro si se podía entrar o no, pero yo lo hice de todos modos. Me senté en el barandal, del lado donde más pegaba la luna y allí me senté a escuchar música, mientras reflexionaba las cosas que se pasaban por mi cabeza y esperaba a alguien; no estaba seguro de a quién esperaba, pero yo lo hacía de todos modos.
Escuché Born Ruffians hasta que la voz deforme del cantante cuyo nombre desconozco, me pudrió y me vi obligado a quitarlo de mi reproductor. Me quedé en silencio, mirando hacia algo que no estaba seguro qué era. Pero yo lo hacía de todos modos.
Mis ganas incontenibles de tirarme a la piscina y tener la posibilidad de no salir jamás de abajo del agua, eran incontenibles, pero, ni sabía nadar, ni tenía las agallas para suicidarme, y mucho menos, el agua no tenía la posibilidad de formar alguna especie de capa que me mantuviera bajo su manto hasta quedar inconciente y pocos segundos después, muerto.
-Hey, ¿Qué haces aquí?- me dijo alguien que no conocía.
Me dí la vuelta para ver de quién se trataba, y era, el chico de la recepción, quien siempre había mirado cariñosamente a Cameron.
-Oh… Lo siento, ¿me debo ir?
-No…no, no. Este es un lugar abierto para los clientes del hotel; por más que no sean horas para venir aquí. Digo, nadie viene a “tomar luna”
Reí entre dientes mientras contemplaba el rostro del chico.
-Bueno, creo que soy el primer cliente en “tomar luna”. ¿Qué haces aquí?
-Bueno…trabajo aquí, ¿no? Es normal que esté aquí.
Volví a reír.
-Si, pero…digo, no te hacía aquí adentro a estas horas. Muchos adolescentes o…gente de tu edad estaría normalmente afuera, divirtiéndose y emborrachándose o cosas por el estilo.
-Si, lo sé.
-¿Y bien?
-Mi padre es el dueño de este hotel.
-Oh, ya veo- acoté con un tono comprensivo- ¿no te deja salir?
-Mas o menos; los días como hoy no.
-¿Por qué? ¿Qué hay hoy?
-Fiesta en la playa; ya sabes…con alcohol, espuma y ese tipo de cosas.
-Awch, la simple mezcla entre arena y espuma me pone la piel de gallina- a lo que el chico comenzó a reír suavemente.
-Si, te entiendo.
-De por si, no soy de la gente que va a fiestas. Soy mas…de los que se quedan en casa mirando una película, o viendo la tele, o haciendo… ¿manualidades? Mientras…toman té, o café o… ¿mate cocido?
-Si, te entiendo – volvió a decir entre risas.
-Siempre que te veo, sueles estar con un chico de pelo negro.
-Si…James – suspiré con pesar.
-Salió con el resto hoy, parece.
-No…no lo sé; a decir verdad, no sé donde está.
-Perdóname que te diga –inquirió el chico- pero…te vez raro.
Lo quedé mirando de forma atónita.
-Jesús; ¿tan transparente puedo ser? – dije estirando los brazos a los lados y mirando el cielo, a lo que el chico comenzó a reír nuevamente.
-Y…al parecer, bastante.
-Ya no importa.
-¿Me quieres contar?
-Depende; ¿Cómo te llamas?
-¿D-depende…?
-¿Cómo te llamas?
-Ok; dime Jasper. –sonriendo divertido.
-Ok; te diré Jasper.
-Bien…em; ¿Cómo te puedo decir, yo a ti? – ya dejando ver sus dientes.
-Bueno, me puedes decir Picasso.
El chico echó a reír con las manos en los bolsillos; me contagió la risa. Aunque sea un poco.
-Ya, dime Edward- admití sonriente, mientras tomaba asiento en una de las reposeras.
-Bien, Edward- comentó con una sonrisa- ¿me contarás que te pasa?
-Es que…es complicado, no lo sé.
-El amor es complicado.
-¿Cómo sabes que se trata del amor?
El chico no emitió sonido, simplemente me miró fijamente con una sonrisa sabihonda y tocándose la nariz dos veces, me dio a entender que era más que obvio de qué se trataba mi problema.
-Ah…bueno, entonces, ¿Qué debo hacer? – le cuestioné sonriendo.
-Ey, no sé tu problema.
-¿ah no?
-¡No!- dijo riendo.
-Ah, no, yo porque, ya sabías de que se trataba entonces dije “Uh bueno, el chico lee mentes”
A lo que volvió a estallar en carcajadas; ciertamente, era un chico muy fácil de hacer reír.
-No, no se tu problema- con algunas risas de por medio- pero si es de amor, te advierto, que yo pasé por muchísimos tipos de amor, y por muchos amoríos.
-¿ah si?- cuestioné intrigado, sonriendo.- Pues, ¡qué suerte la de algunos!
-Bueno, no se si es una suerte, pero al menos te sirve de experiencia; Lo que no te mata, te fortalece, Ed.
-Bueno, Ok, te lo diré de una sola vez así me ahorro sermones.
-Pasa que si lo haces largo, ocupas más explicación y es mejor para la escritora.
-No, pero igual.
-Bueno; vamos, te escucho.
-Bueno…
-A la una, a las dos, y a las tres.
-Tengoproblemasconmisexualidad.
-¡Oh por Dios!
-¿Vas a salir corriendo? ¬¬
-Na~ yo también tengo ese problema; pero yo, a esta altura ya no lo llamaría “problema”
-Oh Por Dios, ¿No saldrás corriendo?
-Bueno…solía ir al gimnasio a correr en la cinta, pero si quieres que salga a correr…
Estallé en carcajadas.
-No, bobo, no quiero.
-Bueno; entonces no te asuste porque no voy a salir corriendo.
-O-ok…-
Aquella noche descubrí que la palabra justa, puede estar en la persona que menos te esperas que te la pueda dar. Charlando con Jasper, comprendí muchísimas cosas sobre uno mismo, y además, descubrí que charlando con el, podía sentirme acompañado y entendido en incluso el más mínimo de mis pensamientos. Era algo raro, pero con una charla de hora y media, sentí que conocía a Jasper de toda la vida; coincidiendo en la mayoría de las cosas y hablando uno arriba del otro para acabar la obvia frase; yo amaba hacer eso.
Riéndonos de la vida y muchas otras cuestiones, nos quedamos como tres horas “tomando luna”; esa, sin duda, sería otra de las noches memorables en mi vida. Nos pasamos los celulares, por las dudas y nos pasamos música de la buena. Era muy loco que incluso hasta en eso coincidiéramos.
Con respecto al problema que tenía; me extrajo las dudas de la mente como si tuviera una aspiradora en cada palabra que me recitaba. Me dijo que no me preocupara, que siempre, en algún momento de nuestras vidas, confusiones por el estilo nos surgían desde muy adentro de nuestras cabezas en el momento menos oportuno.
“Ver a alguien con otros ojos es muy fácil cuando estás confundido” me dijo. Pero, no sabía si estaba confundido o no. Prontamente, recurrí a la clásica pregunta que uno puede llegar a hacer para comparar su situación con la de alguien más.
-¿Estás en pareja?
El chico rió levemente.
-Me gustaría; pero no. Si estuviera en pareja no te hubiera dicho todo lo anterior como una palabra de aliento.
-Pero…
-Si, solía tener una.
-Y…
-Me dejó por un tipo.
-¿Era...?
-No, era un chico.
-Oh -me limité a contestar.
-Si…se que suena raro.
-No, no es problema. Acepto a todo tipo de gente.
El chico volvió a reír sin dejar de mirarme.
-Me di cuenta de algo.
-¿De que?- me cuestionó interesado.
-Eres igual, igual, igual al actor de las películas de crepúsculo.
Jasper se echó a reír a las carcajadas, arrugando la nariz y cerrando fuertemente los ojos.
-Jah, me voy a recibir de comediante contigo.- a lo que no me contestó, siguió riendo.
-Claro- entre risas- a Crepúsculo –siguió riendo.- Dios, me matas.
Reí nervioso.
-¿A quién de ellos me parezco?
-¿Qué no es obvio?- dije recostándome en la reposera.
-Pues…no…o… No, oh, no, no me digas que me parezco…
-Pues si, mírate al espejo y eres igual.
Hablamos mucho rato más; lo suficiente como para que, en términos veraneros, se hiciera “la hora pico” para salir y pasarla bien. Terminamos hablando de las fiestas de la adolescencia; Si, esas gloriosas fiestas donde reinaba el alcohol, el ponche con droga o cosas por el estilo y no faltó mucho tiempo para que nos dieran ganas de ir a una.
Le pedí si tenía tiempo y si los padres lo dejaban salir; no tardó demasiado en contestarme que si, que no tenía problema en salir y que lo haría con mucho gusto. Salimos así como estábamos en medio de la peatonal llena de gente extravagante; salimos a un boliche donde había muchísima gente y música muy fuerte.
Entramos sin ningún tipo de problema y dentro nos pusimos a bailar, para pasarla bien un rato. No pasó mucho tiempo para que se nos acercara un tipo de aspecto muy fiestero y nos ofreciera pastillas; las aceptamos a un bajo precio sin importar las consecuencias. Las tomamos con un fuerte y pesado trago de vodka, y pocos momentos después, estábamos en cualquier cosa. Realmente, no recuerdo mucho de aquella noche; pero lo que si me acuerdo, era que dentro del baile, estaban los chicos, jodiendo, creo que incluso también drogados; con gente como Jared, el llamado Freddie y Hayley. James también estaba; lo busqué toda la noche pero el parecía no querer verme.
-¡James! – le grité con todas mis fuerzas y el se dio vuelta a mirarme; se acercó enfadado y gritándome al oído por la música fuerte, me dijo “Ve a abrazarte a otra parte con tu novio”.
Jamás unas palabras salidas de su boca me dolieron tanto. Y jamás reaccioné tan rápida e impensadamente como lo hice esa noche. Vi de reojo a Jasper, quién no emitió palabra o movimiento y luego volví la vista hacia James, quien se alejaba en la multitud.
Recuerdo que fueron momentos muy cortos, muy confusos y muy observados por la gente a nuestro alrededor.
Tomé a James del brazo, de la muñeca, y dándole fuertemente la vuelta, lo atraje hacia mí, y luego, lo abracé muy rubostamente contra mi cuerpo. La primera impresión que tuve, fue que me empujaría contra todo el resto, que me caería al suelo y que lo vería alejarse entre la multitud, y que por lo tanto jamás volvería a hablarle. Pero no, no fue así. Se quedo callado, inmóvil y manso ante mi ágil movida. Me abrazó lentamente por la cintura, evitando levantar la cabeza y mirarme a la cara.
Recuerdo que esos dos segundos, duraron una eternidad, que la gente a nuestro alrededor se movía en cámara lenta y que la música ya no era parte de nuestros campos auditivos. Jasper me miraba con una sonrisa.
-Edward…-lo escuché decir.
Huimos de ahí tan rápido como pudimos; caminamos por toda la peatonal en silencio hasta que llegamos al hotel, donde en la recepción, no estaba Jasper.
Subimos en silencio, que mientras subíamos a la habitación en el ascensor, descubrimos que se hacía cada vez más incómodo sostenerlo.
Llegamos y abrimos la puerta; James se tiró en la cama sin decir ni una sola palabra más y yo simplemente me dí una ducha, esperando que al salir del baño, todo esté tranquilo, oscuro y que James estuviera dormido.
Cuando salí, todo estaba oscuro, y también tranquilo, pero James no estaba dormido. Estaba en su cama, tapado hasta la boca y mirando hacia todos lados; le miré con una sonrisa y me acosté en mi cama sin decir una palabra.
Me di la vuelta obligatoriamente dándole la espalda.
-Gracias- murmuró sin que yo pudiera verle.
-No tienes porqué agradecerme.
-En realidad si.
-No, no tienes- dije cerrando los ojos.
No escuché mas nada de su parte y pocos momentos mas tarde, estábamos profundamente dormidos, o al menos, en lo que a mi respectaba.
Tuve sueños muy raros; soñé con muchas casas iguales, de las cuales salían gente muy rara y que incluso llegaban a darme miedo, soñé con mi familia, me soñé a mi mismo, lo soñé a James; e incluso cuando el apareció, llegó a convertice en una no-pesadilla.
Estaba perturbado y encima tenía frío; no podía salir de mi sueño, hasta que a eso de las tres y media de la mañana, James me despertó sacudiéndome el hombro.
-James, ¿Qué pasa? – le dije exaltado. Pero el no me respondía; simplemente se dedicaba a mantenerse en un sumo silencio, mientras no me despegaba la mirada de encima.- ¿Tienes frío? – a lo que sólo se limitó a asentir con la cabeza.
Mi rostro se puso rojo, pues pronto capté la idea. Me corrí para la pared, donde tenía parte del acolchado alborotado ya que si no, tendría frío en la espalda, y haciéndole un lugar, James se fue abriendo paso en mi cama.
Se acomodó y luego yo lo tapé; suspiró profundamente, con el rostro enrojecido al igual que yo y sin decir una palabra nos quedamos así largo tiempo.
Estaba a punto de quedarme dormido inhalando su delicioso perfume a frutos que tenía en el cabello y a perderme en su piel, blanca y suave, de no haber sido porque en ese preciso instante, james me abrazó por la cintura, apegándose más a mí. Pasar su brazo por debajo no dolió, pues se sumió en el colchón y allí quedó perdido; no fue un problema. Con el rostro rojo, nuevamente, lo abracé por los hombros, mientras suspirando, recitó.
-Gracias… - Nos quedamos dormidos luego de eso; y en todo el resto de la noche, no puse soñar nada más que me perturbara la cabeza, ni que me sacara de dormir, ni mucho menos, que me hiciera poner incómodo y moverme por demás de la cama. Aquella noche, dormí como un tronco.
A la mañana siguiente, el sol invadía la ventana medio cerrada, mientras que nosotros seguíamos durmiendo. Me desperté primero, con la dulce caricia que era la respiración de James sobre mi cara, ya que el estaba mas arriba. Le observé dormir y pude apreciar, cada minucioso detalle que eran sus comisuras, o sus pequeños y delicados gestos al soñar con cosas que jamás sabría; sus suspiros fuertes de vez en cuando, sus movimientos de cejas, o cuando apretaba los dedos y yo era sometido a aquella sensación. James dormido, era un ángel.
Besé su frente, sus mejillas y me deleité al rozar sus labios antes que despertara. Abrió lentamente sus ojos, dificultándose la vista gracias a sus pestañas pegadas; se quejó un poco haciendo una mueca con la boca, y luego por fin, me estaría observando con los párpados medios cerrados.
Besé tiernamente su frente.
-Buen día- le murmuré sonriente.
Se desperezó un momento, inspirando el aire de una nueva mañana y con una sonrisa y los ojos entreabiertos apenas, me dijo dulcemente:
-Buenos días, Edward. – y me besó la mejilla, muy cerca de los labios.
Luego de estar un momento haciendo comentarios y haciendo fiaca entre risas, se dedicó a levantarse el primero, con la excusa de que quería tomar una ducha. Lo hizo, y luego, al salir, yo ya estaba cambiado, lo esperé y fuimos a desayunar juntos.
-Pero…no vallamos al salón de desayuno- me pidió casi como una súplica.
-¿Porqué no? Los chicos nos esperan allá.
-Si, y mi familia me espera en casa. ¿A quién le importa? Pueden sobrevivir sin nosotros.
-B-bueno…-dudé un momento- y, ¿A dónde quieres ir a desayunar?
-Bueno, hay una cafetería frente al mar muy linda; siempre hay poco movimiento por allí, pero ahora se debe ver realmente linda con los primeros rayos de luz, ¿no?
-Si tú lo dices…
-Si, vamos, confía en mí.
-Si, lo hago.
-Bueno, entonces no preguntes tanto- me contestó saliendo de la habitación- está la otra salida si no quieres pasar por en medio del salón de desayuno.
-Bueno, salgamos por ahí-
Salimos del hotel y luego de un momento, comenzamos a ver cómo de a poco el movimiento iba aumentando a medida que pasaban los minutos. Fuimos a la cafetería que tanto le gustaba a James, y luego de entrar, nos sentamos en una de las mesas contra la ventana y entre tanto y tanto, pedimos el desayuno, que estaba delicioso por cierto, comimos media lunas tibias con café con leche y jugo de naranja; hablamos de muchísimas cosas y nos reímos muchísimo; siempre es un buen día para la risa, pero, hacía muchísimo tiempo que no tenía una charla como la que tuve con James aquella mañana de viernes; salimos de la cafetería y no supimos qué hacer hasta que volvimos al hotel, donde cuando subimos al salón de desayuno, los chicos ya no estaban, y para cuando volvimos a la habitación, nuestros teléfonos rebozaban en mensajes y llamadas perdidas.
-Suele pasar este tipo de cosas, ¿no?
-No.
-Da, lo decía para que me des ánimos, no para que me afirmes que cuando nos vean nos van a matar.
-Dale, boludo, no nos van a hacer nada.
-Pero no fuimos a desayunar con ellos D:
-Y bueno, yo la otra vez, Mickey me dijo que lo acompañara a la habitación y no quise y no me dijo nada.
-¿Enserio?
-No, pero te quería subir el ánimo.
-Da, ya fue, llámalo a Gerardo y diles que estamos bien. –le dije abrazándolo por la cintura mientras este lo llamaba. Le pasó el mensaje y luego simplemente colgó.
-Dice que nos esperan en el estacionamiento; que iremos al parque de diversiones.
-¡eeeeh *-*! ¡El Parque! –dije levantando las manos como un niño.
-¡Siii, eeeh, el parque!- me siguió el imitándome- me dan miedo las montañas rusas ;-;
-Bueno, no nos vamos a subir a una si te da miedo.
-Ok- me contestó sonriente.

sábado, 24 de julio de 2010



¿No les parece genial este tipo de cosas? Quiero decir, yo si estoy feliz; me alegra que por fin la sociedad haya podido medianamente aceptar, este tipo de cosas.
Aporta muchísimo tambien a la teoría de evolución de la humanidad; Quiero decir; este tipo de temas, se habló en mi clase, en la hora de Fisico Química, cuando todos deberíamos haber estado buscando ácidos en la tabla periódica. La profesora nos había comentado que con los chicos del turno mañana, discutieron seria y civilizadamente este tema, entonces nosotros, también quisimos debatir, sólo para ver que salía.
Mis iluciones se pincharon como un globo de helio al ver la mente tan cerrada de mis compañeros barones; yo por mi parte, apoyo al matrimonio homosexual, y todo eso; pero la inquietud que tiene todo el mundo, es de saber qué problemas podrá llegar a tener el niño que vallan a adoptar la pareja homosexual; Estubimos tres horas para poder decir, mas bien, para poder hacerles entender a los barones que la sexualidad es personal y la elije uno; por más que los padres sean gays, va en el niño/niña elegir su sexualidad a su gusto!
El "miedo" al matrimonio gay, viene por ese lado, el tema de la adopción. Yo por mi parte, creo que es sólo el casamiento y que la adopción viene por otro lado.
Ojalá que la gente que dijo "si mi hijo sale gay, lo mato" Ojalá que nunca sean padres.

viernes, 23 de julio de 2010

Cap.7 [Narra James]

Toda la tarde estuvimos jodiendo con esos cuatriciclos; luego, los dejamos, tomamos helado con Hayley, Jared y el otro tipo (que oí decir por ahí que se llama algo así como…Freddie) y luego acordamos una salida. Yo por mi parte, no quería salir; desde la salida de anoche, que vomité a cinco manos y encima dormí con Edward…no quería saber mas nada.
Para ser sincero, me dio muchísima vergüenza despertarme al lado de Edward; quiero decir, se supone que soy el homo fóbico, no me tendría que despertar al lado de un chico, por más que sea un amigo mío. Por parte, me daba asco, pero por otra parte, estaba en un nivel de preocupación que me hacía maquinarme demasiado la cabeza en cuanto a Edward; quiero decir, temo a que mi cabeza me haya guiado concientemente hasta la cama de Edward y que yo no me haya opuesto por más que sea algo que pasa adentro mío (el decidir, ¿no?) Dios, me estoy expresando para la mierda. ¿Serán los nervios? O ¿será que me estoy maquinando tanto la cabeza que tengo miedo de acabar viendo a Edward como algo más que amigos?
No lo se, la simple idea me espantaba; pero lamentablemente, cuando estaba cerca de Edward no sólo me sentía entendido, si no que también, me sentía necesitado y querido; un cariño y una paz que solamente Edward podría brindarme. Me sentía muy feliz estando cerca de él pero llegaba cierto momento en el que comenzaba a sentirme incómodo por el simple hecho de que la cabeza me trabajaba demasiado.
Conocí a Edward cuando tenía 15 años; mi madre siempre fue intima amiga de su mamá, y un buen día, organizaron una comida familiar y me vi obligado a tener que ir. Llegamos con 20 minutos de retraso; mi madre se había quedado entretenida con el maquillaje; yo con unos pantalones entubados y una camiseta blanca de los Sex Pistols; no nos dimos atención en toda la noche; comimos en silencio y de vez en cuando cruzábamos miradas, eran profundas, pero yo era tan idiota, que no me daba cuenta de ello. Llegó un momento en el que me puse a explorar la casa de Edward sin importar lo que me pudieran decir; recorrí las habitaciones, porque, dio la casualidad que mi ausencia, no le importaba a nadie, entonces, nadie me diría “no vallas ahí, es casa ajena”, entonces no me preocupé; recorrí cada habitación de la planta de arriba; la de abajo, no consistía en demasiadas cosas, estaba la entrada, de cara a la entrada la escalera alfombrada y de barandas blancas y de madera, al costado, estaba el living, atravesando el living, el comedor y pegado al comedor, la cocina. Al subir al piso de arriba, me di cuenta de que la casa de Edward parecía mas grande arriba que abajo; no quedó una sola habitación sin revisar; la de sus padres, la de sus hermanos, el baño (adoro los baños; este estaba muy cuidado, era luminoso y muy coqueto), la habitación de invitados, y muchas otras pasando por el extenso pasillo; al llegar al final, estaba la suya; me di cuenta por un cartel unánime que decía “Edward’s Room”; giré la perilla dorada que brillaba con la intensidad que dictaba la luna que estaba contra la ventana del final del pasillo, prácticamente, se veía enorme y hermosa, pero en ese momento, fue lo menos que me importó. Entré empujando la puerta, y una oleada de su perfume, me abrazó en una caricia tierna. Me sentí extraño. Me adelanté para prender la luz que estaba al lado de la puerta, y allí pude observar mejor su habitación. Era común, tenía foquitos de bajo consumo, las paredes eran de color azul Francia claro, las cortinas eran blancas y su techo recaía como en una punta; como si casa era de tejas, su habitación daba a lo último, por lo tanto, su techo tenía la forma de la terminación del techo; inclinada, pero en la cual, tenía montones de carteles de bandas, bebidas alcohólicas en vasos coloridos, gente maquillada, fotos muy vintage, y hasta incluso, fotos de chicos posando con ropa extraña; su cama era de metal, tenía un cubrecama de color oscuro, de cara a ella un escritorio y al lado la ventana que soplaba una suave brisa y hacía que las cortinas bailaran una danza tranquila. Me dirigí hacia el escritorio, donde había de todo; desde libros, hasta cd’s y el monitor de la computadora. Comencé a ver, sin previo aviso, su biblioteca de música sobre el escritorio. Tenía muchos cd’s y todos de bandas muy grosas; daba la casualidad que toda la música chata que me gustaba a mi, le gustaba a el y me sentí mínimamente entendido.
-Ese cd aún no lo escuché- sentí su voz en mi espalda. Me puse nervioso y dejé el cd sobre el escritorio, me di vuelta para verlo y estaba apoyado con una sonrisa sobre el borde de la puerta.
-Yo, perdón, enserio, te juro que no quise;…
-No, no hay problema, ya está.
-Si, pero te toqué los cd’s
-¿Y? Qué, ¿resulta que si los tocas te da cancer?
-Ay…bueno, no. Pero son tuyos.
-Ya está, no me molesta que a alguien que le gusten los Dead Kennedys, tome un cd de ellos sin mi permiso.
-¿Estás seguro que no te molesta?
-No, para nada.
-Bueno…gracias- y volví a agarrar el cd- este cd tiene temas muy grosos.
-Perdón… ¿muy qué?
-Muy gros… geniales.
-Habías dicho otra cosa.
-Si, ya sé
-Y, ¿por qué no la repites?
-Porque, se reirías- y dejé el cd en su lugar para acercarme a la ventana. Edward, cerró la puerta tras mis espaldas.
-Vamos, dime-
-No-
-¿Porqué no?
-Porque es una tontería y te reirías como muchas de las personas que les digo el porqué de mi acento.
-Ah, pero te refieres a tu acento argentino.
-¿Cómo lo sabes?
-Bueno, soy educado; y preguntar de este tipo de cosas a nuestras madres mientras charlan de todo un poco, no es mala idea.
Me di media vuelta para observarle sonreír; Una vez me dijeron, “Las sonrisas y la felicidad, son como una enfermedad; son contagiosas”, y jamás en bastante tiempo, había sonreído tan ampliamente como le sonreí a Edward aquella noche. Me comprendí a mi mismo, y también comprendí, que allá afuera, hay alguna persona que, si bien quizás no sea la que mas te esperas, esa es la persona que más bien te haría o la que te haría dar cuenta de cosas como las que Edward me hizo dar cuenta ese jueves. Allá afuera, hay una persona esperando entenderte y esperando ser entendida.
El resto de la velada, compartimos muchísimas opiniones, y hablamos de muchísimas cosas; Edward tenía un balcón que daba a la calle, apagamos la luz y corrimos el sillón que tenía al lado del ropero hacia la ventana, lo pusimos en el balcón y nos quedó justo, por lo tanto, tuvimos que sentarnos entrando por los brazos del sillón y como las piernas no nos entraban, nos sumimos en la comodidad de los almohadones y subimos las piernas hasta acomodarlas en el barandal. Esa noche, nos fuimos a las dos de la mañana a mi casa; y esa noche, fue una de las primeras en las que presté atención a las tantas constelaciones que siempre me decía la gente que prestara atención y que jamás encontraba; la luna estaba a nuestro favor, estaba enorme, blanca y sumamente brillosa, al igual que las estrellas. Estando así continuamos hablando de muchas otras cosas, y de tanto en tanto, me quedé dormido. Nos, quedamos dormidos. Mi madre me retó al no encontrarme por ahí y por andar metiéndome “en lugares donde no se debe”; le pidió disculpas a Edward, y el no dijo nada, solamente sonrió.
Aquella noche, me dormí con una enorme sonrisa en el rostro y fue uno de los recuerdos más claros en mi cabeza y uno de los que odiaría olvidar.
Cuando llegamos a la habitación, no podía dejar de mirarle la nuca a Ed; al recordar todas esas cosas, me dieron unas ganas incontenibles de abrazarlo, y no sabría por cuánto tiempo más sería víctima de las ganas de un abrazo suyo.
-E...Edward…
-¿Sí?- me dijo dándose la vuelta y mirándome mientras me miraba los dedos.
-Eh… ¿vos…creés que… m-me podrías… dar un abrazo?
No sé que fue la expresión en su cara, pero, pocos segundos después, suspiró con una sonrisa tan pacífica, que me hizo compararla con aquella sonrisa que me había hecho la noche que nos conocimos. Se quitó la campera y la colocó sobre la cama, encaró para abrazarme.
-No, no.
-No, ¿Qué?
-Ponete la campera.
-¿por qué?- me cuestionó sobresaltado.
-Porque tengo frío, y si al menos me vas a dar un abrazo, quiero que sea calentito- dije sintiendo que mi rostro se tornaba rojo.
-Bueno, pero el rubor para después.-
Lo malo de Edward, es que a veces hacía ese tipo de comentarios, los cuales me daban mucha furia; porque mas que yo soy calentón, estoy seguro de que el sabe que me molestan porque sabe lo tanto que me cuesta hacer este tipo de peticiones. Las peticiones de ayuda y de cariño, son las que mas me cuestan. Será porque siempre tuve un sentimiento de autosuficiencia dañino para mí; ya que nunca estoy acostumbrado ni a recibir ayuda de alguien más, ni mucho menos el cariño de otra persona; en mis 17 años de existencia, lamentablemente, no conozco lo que es, que alguien me brindara cariño de corazón. SI, tristísimo, pero yo no me deprimo por el simple hecho de que, estoy acostumbrado a no tener algo que “anhelé” o que mínimamente me gustaría saber, qué se sentía que alguien te quisiera de corazón.
-No, dejá, ya no quiero nada.- y me encerré en el baño.
Edward tocó la puerta innumerable cantidad de veces suplicándome que abriera la puerta, pero no lo dejé pasar. Y mucho menos cuando decidí desnudarme para entrar a la ducha y el me pedía que abriera la puerta para poder hacer pis tranquilo. En cierto modo, me sentía enojado; pero las ganas y necesidad de ese abrazo, no se habían ido en ningún momento.
Salí del baño con una toalla en la cintura; me dirigí hacia mi guardarropas, en el cual, la punta de la cama de Edward, daba de cara, y el estaba sentado allí.
-Necesito pasar si no querés tener mi culo pegado a tu cara.
Pero Edward no se movía, solo sonrió.
-Dale, correte.
Pero el inmóvil.
-Bueno, listo, vos lo pediste.
Inevitablemente, rocé mi trasero contra su nariz, abrí la puerta de madera y me trabé la toalla en la cintura para que no se cayera. Saqué un boxer blanco de los cajones de arriba y luego lo abrí porque estaba doblado. Abrí la toalla para dejarla caer en el piso y cuando lo hice, Edward salió disparando para la otra punta de la habitación. Reí entre dientes y luego me coloque el boxer de manera tranquila.
-Che, Edward.- lo llamé a lo que el me miró. – El rubor para después.- y me seguí cambiando por más que Ed salió de la habitación pegando un portazo.
Terminé de arreglarme al cabo de media hora; por primera vez, pude utilizar el secador de pelo que estaba instalado en el baño. Jamás había utilizado uno, pero dado el caso, quise saber qué era secarse el pelo con un secador.
Me cagué quemando los dedos; como un idiota, los puse en la parte de atrás, y al ser tan pequeño el secador, me vi obligado a hacerlo; ¡no va que cuando lo prendo, me cago quemando! Pero bueno, fue lo de menos.
Me puse unos pantalones comunes de Jean claro, unas zapas negras, una remera al tono y una camperita de lana azul marino; me coloqué un gorro azul con un pompón amarillo clarito arriba y algo preocupado por Edward, no sólo decidí mantenerme enfadado, si no que también, decidí irme a vaguear por ahí, a ver qué encontraba.
Fui al boulevard y me encontré con la agradable sorpresa de Mickey y Jared, quienes charlaban entretenidos y entre risas sentados en el borde del coso de madera. Al llegar, me miraron extrañados, pues estoy seguro que ellos ni se imaginaban que aparecería por ahí.
-¿Puedo o están ocupados?
-¡No! Para nada, ven, siéntate.- me dijo Mickey con una sonrisa y me hizo un lugar a su lado.
-Perdón que les caiga tan así.
-Nah, no es problema- contestó Jared.
-Si, al fin y al cabo se nos estaban acabando los temas de conversación.- comentó Mickey con una sonrisa burlona, a lo que Jared respondió pegándole suavemente. Comencé a reír y ellos me siguieron.
-¡Qué raro tu sin Edward!
-Es que…no se, se fue antes que yo.
-¿¡Qué?!
-Si, ¿Qué ocurre?
-Ok, el mundo está al revez.
-Mickey, ¿no me habías dicho que el y Edward se llevaban muy bien?
-Si, por eso es raro que James salga sin el.
-Bueno, tampoco ni que fuera el oxígeno en mis pulmones.
-Y, más o menos.
-Basta, no me carguen con el.
-No, no. Para nada; pero es que, hacen linda pareja.
-Ay, muchísimas gracias.- contesté irónico a lo que Jared rió.
-Igual…da, no se. Me vengo sintiendo raro- acoté sin pensarlo dos veces, y entre nosotros tres, se postró el silencio haciendo una entrada gloriosa.
-¿Por qué, James?- me preguntó Mickey con un tono asustado.
-Porque…siento que me siento raro.
-Pero, ¿raro como?- quiso saber Jared.
-Si, ya sabes…confundido, raro.
-¿amor?
-Podría decirse.
Mickey soltando un suspiro profundo, colocó su mano en mi hombro contrario, obligatoriamente abrazándome por la espalda.
-¿Hay algo… que quieras contarme enserio?
-No sería mala idea, pero es que no estoy seguro de lo que me pasa y no quiero que te quedes con una mala impresión de mí.
-Vamos, me quedé con una mala impresión de ti el día en que te vi- dijo riendo.
-Ja-ja-ja, muy gracioso.
-Si, aunque es la verdad, no bueno, en fin, ¿qué te anda pasando?
-Si…eh, es que…es como…ai, Dios.- gesticulando.
-Tranquilo, James…tienes que tomártelo con calma para poder transmitirlo limpiamente.
-Es verdad…gracias Jared. Pero, ¿no se traumarán ustedes si yo les cuento?
-Depende que sea-
-Dale, no me podés decir así.
-Bueno, ok, no nos traumamos.
-Ok; bueno…se trata de…de mi, obvio, pero…es como que, me siento como cuando…te das cuenta de que algo que siempre estuvo con vos comienza a tomar cierto protagonismo en tu vida y…sentís que querés estar con esa persona siempre y…no dejarla o…quererla muchísimo sin que nadie te diga nada o…¿esas cosas?
Jared desvió la mirada y agachó la cabeza, Mickey sólo se me quedó mirando.
-Si, yo entiendo a James- comentó Jared.
-¿Ves que no soy el único?
-Si…puede ser.-
-Bueno, eso me pasa a mí.
-Pero… ¿qué onda? ¿Con quién?
-pasa que ese es el problema…es quién.
-¿Siempre estuvo con vos, James?- me cuestionó Jared con la voz muy tranquila.
-Podría decirse que si; prácticamente.
-Ehm… ¿te molestaría que te pregunte…cómo se conocieron?- prosiguió Jared, a lo que Mickey lo codeó, pero…yo simplemente le sonreí.
-Si, Claro.- hice una pequeña pausa y al tomar aire, me di cuenta de que no sabía lo que estaba haciendo en ese momento, pero que por alguna razón, sentía que debía desquitarme con alguien; y además…en ese momento comprendí, que es difícil pedir ayuda, pero una vez que uno lo hace, los problemas se hacen más fáciles de resolver, siempre y cuando uno acuda a las personas adecuadas.- Nos conocimos a los quince años; resulta que nuestras madres eran amigas…y una noche, hicimos una comida familiar…-
Les conté todo lo que pude contarles de esa noche; cada minucioso detalle; incluso, traté de detallarles cómo se sentía la fragancia de la habitación de Edward; de su sillón, de el aroma que inarraba su cama, o el de los almohadones, o incluso, traté de describirles, lo maravillosamente bien que me sentí en ese momento, estando a su lado.
-Por Dios, James… jamás hubiera imaginado algo tan…
-Romántico *-*
Estallé en carcajadas por el comentario de Jared.
-No se si fue romántico- dije entre risas- pero…que me sentí querido, de entrada- los miré fijamente- eso ténganlo por seguro.
-Pero Mickey, ¿tan confundido estás por esa persona?
-Obviamente.
-Pero, es que no te aceptaría, quiero decir, ¿tienes miedo de que no te acepte?- quiso saber Jared.
-No…bueno, quizás si. Pero…el problema, es que no me acepto a mí mismo.
-Vamos, no puede ser tan grave- acotó Mickey.
-Si, puede serlo.
-Vamos, ¿porqué, quién es, de quién se trata?
-Se trata de Edward, Mickey.

martes, 13 de julio de 2010

Cap. 6 [Narra Cameron]

Al cabo de hora y media pudimos por fin arrancar; Mickey iba en la parte de atrás de la camioneta, con cara de “me retaron porque me mandé una cagada” como si fuera todo un nene de seis años, Gerard iba callado y sin ganas de manejar sentado al lado mío, Bert iba dormido contra la ventana, James sentado en el medio del asiento y Edward a su lado, como siempre.
Nadie en el interior de la camioneta, pronunciaba palabra alguna.
Prendí el estéreo que ahora solo le funcionaba la radio, y pronto hubo una ambiente algo así mas como “familiar” o “amigable” si se quiere.
-ajajá si, si, tal cual; Eso es lo que estábamos hablando esta semana. Porque como sabrás, Jeremy, todas las semanas hacemos una pregunta distinta y la de esta semana es “¿Qué cosas te fastidian?” Suena una pregunta muy tonta, pero en realidad hay mas gente calentona que la que todo el mundo se imagina, una de ellas es…-
-Che, ¿Quién es el pelotudo que habla por la radio?- inquirió James.
-No se, un locutor de mierda.
-Si, me di cuenta-
-Pero tiene voz linda- acotó Gerard.
-Qué, ¿ahora estás como Edward y el acento argentino?- le dije sin mirarlo, a lo que James rió sin alternativa.
-Da, no seas así- murmuró Edward.
-Si, además, solo digo que tiene linda voz. Estoy seguro que ese tipo las debe tener a todas atrás con solo decir “hola”
-Ja, como la propaganda de la radio xD ¿se acuerdan? Era un meo de risa, el chabon hablaba con una voz mas gruesa que la mierda y las minas como que se iban cayendo atrás y…
-Si, bebé, si, si, tranquilo, ya va a pasar- le decía Edward a James mientras le sostenía la cabeza para calmarlo; Con Gerard estallamos a las carcajadas mientras James solamente se enojaba más.
Jamás me imaginé sobre un cuatriciclo; estaba completamente seguro que aprendería a andar rápido, ya que con esas cosas tengo una gran dependencia mental, y además, no me imaginaba lo sexy que me debería ver sobre uno de ellos. Si, ya me lo imaginaba, la cantidad de chicas que se morirían porque yo las llevara a dar una vuelta en un cuatri rojo. Oh Yeah.
De anoche no tenía recuerdos muy concretos o coherentes, pero lo que si me acordaba era que la había pasado más que genial; ya ni me acuerdo con quién pasé la noche, pero estaba seguro de que me choqué barias veces con las paredes de madera del baño; recuerdo que en un momento quise patear el inodoro a la mierda para que me dejara tranquilo mientras hacía de las mías con una de las tantas chicas que estuvo conmigo, pero que simplemente lo deje ahí.
Luego, cuando llegamos al hotel, dormí como un desgraciado; pegué el ojo y fue más o menos similar a cuando alguien se desmaya profunda y toscamente.
Fue una de mis pocas noches largas; ya que cuando estábamos en el centro y estábamos todos estudiando, salía muy poco porque tenía que hacer buena letra ante mi padre, para que mínimamente me dejara salir. Mi padre jamás fue de esos tipos que sabían divertirse ni nada por el estilo; era muy aburrido, callado, un tipo poco introvertido y de pocas pulgas; pero persona mas buena que el, no había. Cuando nos mudamos mas para el centro, mi madre decidió quedarse donde estábamos y que mi padre y yo nos fuéramos a vivir solos en la otra casa. Al poco tiempo de estar viviendo allí, una ex vecina nuestra, muy dulce ella, esa tarde de primavera, llegó hasta la puerta de casa con cara larga, vestida de negro y con los ojos hinchados. Esa tarde de primavera, cuando los pétalos rosas del cerezo del vecino se caían en una dulce lluvia sin agua, mi madre Nina Rushmore, había muerto súbitamente. Aún no me acuerdo bien porqué, pero ese día no lloré, ni pataleé, ni grité fuerte. Solamente me acuerdo que fui hasta el interior de mi casa (dejé a la vecina en la puerta), saqué de la heladera un bazo de leche y lo puse a calentar un minuto en el microondas; cuando se acabó de calentar, tomé el baso entero de una vez y luego dejé el baso sobre la mesada de la cocina.
-¡Papá! ¡Se murió mamá!- le informé casi a los gritos sabiendo que mi padre estaba del otro lado de la cocina, mirando la televisión.
Mi padre lloró como una niña durante todo el resto del día; y el resto fueron puros quilombos, porque cuando se “nos” pasó toda la melancolía, comenzamos a recordar cómo era mi madre, y sinceramente no era la mejor madre del mundo; a decir verdad, era mentirosa, busca roña, mal agradecida y malhumorada. A decir verdad, mi madre lo único bueno que había hecho, fue parirme, porque el resto, la verdad que deja mucho que desear. Los 25 años que estuvo casada con mi padre, siempre le trajo problemas, siempre nos mintió con supuestas enfermedades y cuando nos mudamos, se encargó de decirle a todo el mundo que nosotros la habíamos abandonado en aquella casa donde vivíamos porque…aún no estoy seguro del porqué, pero si me acuerdo que había uno.
Desde los cinco hasta los once, mi madre tuvo esclerosis múltiple y siempre amanzanaba con que se iba a quedar paralítica tirada en una camilla o algo así; desde los once a los catorce, nos hizo creer que tenía un tumor en el estómago o en el útero y que la tenían que operar y que luego de que la operaron, la vaciaron por completo (quiero decir, le extirparon el útero) y luego estuvo deprimida seis meses; de los catorce a los 16 tubo cáncer y luego se ve que se le terminaron las enfermedades, los médicos, el dinero para los medicamentos que se compraba al cuete pues no tenía nada y las ganas de joder. Así que, cuando me sentí aliviado, fue cundo mi vida comenzó a no tener sentido; quiero decir, a mi padre le aumentaron el sueldo, éramos adinerados, tenía lo que quería cuando quería y porque quería; sin un por qué ni un cómo; tenía todas las chicas que yo quisiera. Llegó un momento durante el colegio, en el que resulté un Dandy y supuestamente todo el mundo me amaba. Pero, ¿De qué me servía tener todo eso si no tenía lo principal, que era el verdadero cariño?
Esa tarde helada de julio me di cuenta de que ninguna de las cosas materiales que podría llegar a tener, servían de algo si es que no tenía a nadie con quien compartirlas o que tampoco tenía a alguien que me brindara cariño como para que aunque sea me dieran ganas de usarlas. Fue entonces cuando conocí a los chicos; una manga de bándalos; uno con la boca corrida, el otro con acento raro, un impudor de orden, un oso perezoso y un nerd anteojudo. Nos conocimos todo en el primer año de la secundaria; y al principio, cuando recién nos conocíamos, no nos podíamos ver pero ni en figurita. Pero llegó uno de esos tantos días en los que teníamos que hacer trabajos en grupo, y primero comencé a llevarme bien con Gerard, Luego con Mickey y hasta por allí no más con Edward; pero luego de eso, llegó una excursión al campo y yo quise ir con toda mi onda vintage a ver de qué se trataba. Al principio, era como que nada me cerraba y quería irme enseguida y resignado, me senté en el muelle a mirar cómo el agua danzaba tiernamente y luego de eso vino Mickey a hablarme de cualquier cosa y allí, nos hicimos amigos. Luego así, prosiguió el resto. Luego, me contó que con Gerard eran hermanos y que James había llegado un año antes que yo, y que Edward y Bert ya estaban con ellos desde la primaria; así que, fue obra y gracia del destino habernos unido tanto, por suerte. La verdad, que de no haber sido por esta manga de desocupados mugrientos, no hubiera completado mi adolescencia de una manera feliz; ellos me hacen feliz, porque siento que estarán conmigo en todas las etapas de mi vida. Ellos, en un cierto modo, eran los que me impulsaban a querer vivir la vida a pleno; porque sabíamos que la íbamos a disfrutar todos juntos, como buenos amigos.
-Ey, ey, Cameron- me llamó James desde el asiento de atrás de la camioneta, pasando su ahora no tan delicada mano enfrente de mis ojos- te re colgaste, boludo.
Reí entre dientes.
-O estabas durmiendo- me dijo dudoso- ¿seguro que no te desperté? Digo, porque no te veo por los anteojos.
-No, boludo, está todo bien, estaba despierto.
-Da, estabas pensando en minusas, seguro.
-No hables tonterías; ¿pasó algo que me sacaste de mis profundos pensamientos?
-We, quién eres- dijo Mickey riendo, mirando para afuera, a lo que yo lo seguí.
-No, que, estábamos hablando con Gerard y Edward sobre porqué todo junto se escribe separado, y separado, se escribe todo junto.
Reí a las carcajadas un momento.
-Están re al pedo, ustedes- dije entre risas otra vez- pero igual, creo que es una cuestión de la vida, eso de el separado y el todo junto.
-¿cuestión de la vida? ¿Qué decís?
-No se, pero quería decir algo; estaba tan colgado que ni figuré en el tema
-Que pelotudo que sos- me contestó James; y luego, siguieron hablando de temas en los que seguí no figurando, pero no me importó, porque tener la cabeza en otra cosa y estar con ellos me hacía feliz.
-Che boludo, cae de la luna, que ya llegamos- dijo James saliendo de un salto de la camioneta, junto con todo el resto.
Edward y James fueron corriendo como dos niños pequeños por todo el aparcamiento de tierra que había, pues estábamos lejos donde era el centro para alquilar lo cuatriciclos. Estábamos casi en el medio de la nada, lo único que nos rodeaban eran los médanos que salían inmediatamente del piso ni bien acabar e borde del camino por done estábamos caminando.
Llegamos mirando hacia arriba, la altura de los mismos, y casi susurrando, alcancé a decir-
-Quiero el cuatriciclos más potente- si, podía sentirlo.
-yo también- me siguió James.
Pero una voz femeninamente extraña, me hizo mirar directamente hacia adentro de la casilla; pero no preguntaba por mí.
-¿Gerard?- dijo. Claro, era Hayley.
Gerard salió de entre todos nosotros como si fuésemos sólo un tumulto de gente desconocida, con la mirada perdida y cara de idiota.
-Ey, Hayley.- saludó haciéndose el sorprendido.
-¿Cómo estás?- consultó la chica afirmándose al mostrador de la casilla.
-Bien bien…vinimos a…- el resto no escuché nada, no quise. Todos nosotros, menos Gerard, pasamos a estar en una situación desagradable; mas bien incómoda. No sabíamos donde meternos y lo único que queríamos hacer era tratar de divertirnos un rato por más sueño o por más ganas de tirarnos a la cama descansar.
En ese momento, vimos llegar a dos chicos con casco, en cuatree; Estacionaron los mismos en el lugar del costado de la casilla luego se bajaron, dejaron sus cascos en una de las manijas de cada cuatree, y luego entraron en la cabina. Tomaron una botella de agua, y se pusieron a las carcajadas tras del pequeño cuerpo de Hayley.
-Ey, ¡Jared! ¡¿Quieres parar?! Trato de charlar con…un cliente.
-¿Jared? ¿Qué así no se llama el amigo de Mickey?- pregunté con entusiasmo, a lo que Gerard lo miró con desconfianza.
-Ey, ¡Mickey!- lo llamó James- ¿No es el tu amigo Jared?
Mickey, se adelantó de una forma frenética hasta al lado de su hermano, tenía los hombros tensos.
-¡Mickeeeey!- dijo efectivamente Jared desde adentro de la cabina.
-¿Se conocen?- preguntó Hayley desconcertada-
-Si, una cagada- contestó Gerard con asco.
-Dale boludo, no seas así- lo codeó James.
-Hola Jared- murmuró Mickey saludándolo tímidamente con la mano.
-Dale boludo, saludalo bien- le pegó James en la espalda a Mickey para que lo saludara. Jared salió de la cabina con una gran sonrisa en el rostro; muy armoniosa esta, por cierto. Era un joven del cual no me lo imaginaba entablando amistad con alguien como Mickey; por lo general a el no le iban demasiado los punks; pero este tampoco era muy exagerado. Su cresta era pequeña y a los costados de la misma, tenía el pelo cortito.
Abrazó con el brazo izquierdo a Mickey con una sonrisa y este nervioso, correspondió.
-Che, como que estamos re de mas nosotros.
-¿Porqué eres tú el que siempre hace notar al resto?- rió Gerard.
-Porque si no soy yo, estos tres boludos que me acompañan se quedan callados y nos hacemos parte de una pinturita.
-Tiene razón- murmuró Edward.
-¿Ves?
-Uh bueno, chicos, ¿quieren pasar a tomar algo?- invitó Hayley.
-No, nosotros tres, por nuestra parte- hablaba James generalizando- queremos alquilar unos cuatrees y sobre montar médanos desaforadamente. Mickey y Gerard no se que quieren hacer.- los miró a ellos.
-No, yo me quedo hablando con Hayley, si no molesta.
-No, no, para nada.- Jared le echó una mirada incierta.
-¿Y vos, Mickey?
-y...yo… No se, no…no sé.
-Bueno, se queda conmigo.- apuró Jared, mientras le tomaba el hombro y miraba a Hayley competitivo.
-Bueno, de ser así no es problema- prosiguió James; este ya se quería ir volando- Ey, “Hayley”, ¿Cuánto está el alquiler de los cuatrees?
-No, por ser ustedes, no les cobro; tomen el que mas les guste; tienen pintados muy grosos, los hace el hermano de Jared.
-Ah, mira que bueno- contesto James con cierto asco- ¿enserio no nos cobras?
-No, no, pero…
-Bueno, listo- concluyó al fin y se fue a buscar un cuatree de su gusto; tomó a Edward de la muñeca y Bert y yo los seguimos. Nos alejamos de allí mientras el hermano de Jared de nombre desconocido, cuidaba nuestros movimientos.
James eligió un cuatriciclo negro con llamas en naranja y amarillo; Bert eligió uno azul marino, como con degradé en verde; Edward se eligió uno con grafitos muy colorinches y yo me elegí uno marrón con franjas anaranjadas a los costados.
-Che, que bien laburadas que están estas llamas- acotó James mirando directamente al desconocido.
-Muchas gracias- dijo el chico.- No eres de por aquí, ¿no?
James se puso el casco aún viéndolo de frente, encendió el cuatriciclo y se fue sin decir nada.
-¿Dije algo que le calló mal?- quiso saber el joven, desconcertado.
-No, pasa que el es argentino y no le gusta que le hablen sobre su acento.- le informó Edward colocándose el casco a lo que Bert le imitaba y, por supuesto, yo también.
-Ah…bueno, si después hablan con el, pídanle disculpas de mi parte.
-Pídeselas tu mismo; es un consejo, es muy jodido ese chico…te lo digo por experiencia, es como que no le gusta que otro persona le pase lo que a su vez otra persona quiso decirle.
-Ah…jodido el chico.
-Yo estoy acostumbrado- contestó con una sonrisa.-
-Si, cómo.- reí y luego salí de allí al ritmo del motor.
Compartimos la adrenalina que los cuatriciclos nos brindaban toda la tarde; o más bien, al menos tres horas después de que los tomamos. Remontamos frenéticamente los médanos cientos de veces; salpicándonos arena y riéndonos a las carcajadas. El sueño de James de que se le viniera el cuatree encima de el, no se le cumplió y estoy casi seguro de que el no provocó la situación.
Pasamos varias veces por la playa, costeando la misma, yendo de una punta a la otra; en esa trayectoria, hemos visto más de una vez que Jared y Mickey estuvieron sentados mucho tiempo charlando sobre la casilla del guarda vidas.
La pasamos genial por más que casi inmediatamente de que comenzáramos a andarlos, se nubló y tiraba para que lloviera; pero la pasamos muy bien de todas maneras.
Luego, nos cansamos de que el trasero nos rebote tanto sobre un asiento y decidimos todos ir a tomar un helado; fuimos con Hayley y Jared, quienes cerraron el negocio de ellos y luego fuimos todos juntos en la camioneta. (¡Decir que entramos!)
Jared no se despegó ni un minuto de Mickey, quien estaba más cohibido de lo común, pero, no era para obsesionarse. Nos bajamos en la esquina, donde estaba la heladería, y luego pedimos un kilo de helado para comer entre todos. Fuimos al boulevard y luego de sentarnos en el borde del coso de madera, nos pusimos a compartir el kilo de helado.
-¿Qué hacen hoy a la noche?- cuestionó Hayley llevándose una cucharada del frío endulzado a la boca.
-No se- contestó Gerard- daría para salir, pero no sabemos a donde.
-Claro, pasa que también hay que ver si todos quieren salir- acotó Hayley con una sonrisa, refiriéndose amablemente a todos nosotros.
-Bien ahí, Hayley, gracias por la comprensión- asintió James con el dedo pulgar al aire; luego de escucharlo, comenzó a reír en voz baja.
-Bueno -prosiguió - ¿Qué tienen planeado hacer entonces?
-No se- contestó Gerard- yo por mi parte quiero salir o a bailar o a alguna fiesta; en verano, siempre hay muchas de esas.
-Si, las que son en la playa- acoté.
-Claaro.
-Yo también quiero salir, pero… no se si daría para una fiesta; onda, después de anoche, estoy hecho mierda.- continuó James.
-Claro; para mí que tendríamos que hacer una salida más tranqui los que no quieren salir a bailar o algo. A ver, levante la mano quién quiere ir a bailar.
Hayley, Gerard, Bert, el amigo de Hayley (quien su nombre desconozco) y yo levantamos la mano.
-Bueno, listo. Ustedes vallan a bailar y nosotros… no sé, iremos al cine o al teatro.
-O a andar en quatree por la playa- sugirió Jared mirando al suelo. Mickey agachó la cabeza con la cuchara en la boca.
-Bueno, como quieran.
-Bueno, volvamos, me quiero bañar- sugerí- este hermoso cuerpo no se lava por si solo.
-¡¿Qué decís?! Si vas a un puterío y te dejan limpito de las lamidas.
-Ah, ¿viste? Soy genial; incluso hasta las putas quieren que yo esté limpio.
Y pronto estuvimos en el hotel.
Cuando llegamos, le pedí las llaves al muchacho de la recepción, quien siempre me atendía con una sonrisa impecable y luego subimos a las habitaciones. Habíamos acordado que nos juntaríamos por la noche en el paseo de los artesanos; que el resto del día (mas bien, de la tarde) lo disfrutáramos o que al menos durmiéramos un rato más.
Cuando estuvimos arriba, cada uno en sus habitaciones, me mensajeé con James, quien esperaba ansioso tirado en la cama a que Edward acabara de bañarse. Me sorprendí cuando comenzó a contarme que también se estaba mensajeando con Mickey, y que este le contaba cosas (demasiadas cosas) de Jared.
-
¿Qué insinúas? Mickey y Jared sólo son amigos.
-No lo sé; Mickey lo mira de manera extraña; ¡Y eso que ni hablar de los palazos que le tira Jared!
-No se, yo no me di cuenta de ninguno.
-Eso es porque sos un amargo.
-Oh, lo siento, como si tú supieras tanto del romanticismo.
-Lamento pincharte el globo, pero en estos momentos me considero enamorado…confundido, pero enamorado.

-¿Quién es la afortunada?
James tardó en contestar.
-No nos desviemos del tema- contestó al fin.
-Ok, pero no creo que Mickey esté en algo con Jared.
-Dios, tampoco lo quería leer tan literalmente.
-jajaja, yo tampoco esperaba contestar así.
-Bueno, fue, no nos hagamos la cabeza con simples ideas. Me voy a bañar, Ed ya salió de la ducha.
-¿Con solo una toalla en la cintura?
-Si; pero la paja es solo mía eh? (¿? Ya, te lo guardo para vos.
-Si yo se que te morís por el.

Pero después de eso, no resiví ningún mensaje más de James hasta la noche.

sábado, 3 de julio de 2010

Esa noche de sábado, cuando todo el mundo estaba en cualquier otra menos en la mía, yo me deprimía al ritmo de No Surprises, temaso, diran ustedes.
El bacío se abría paso dentro de mi, entre mis órganos, entre mi cerebro, entre mi cabeza. El sentir que no tenía a nadie me destrozaba en miles de pedazos de esos que no se pueden volver a armar ni con cinta malá.
El solo hecho de saber que estaba sola, o que incluso, estaría sola el resto de un buen tiempo, me destrozó, me hizo tener ganas de patear todo y luego llorar sobre los escombros del vidrio de la pantalla de mi televisión; cortándome las rodillas, suicidándome a cada lágrima que mis ojos liberaban.
Los papeles interminables, de fotos y carteles que mi pared revestían, se quedaron intactos mientras mis articulaciones de las extremidades me sangraban. Qué loco, todo en 3 minutos 48 segundos.
-Hoy me duermo deprimida- solté antes de mi último suspiro.-

domingo, 27 de junio de 2010

Oyendo lo peor posible, tal vez hoy me dejé usar.
Distingo entre el reviente y el resto, el resto,
El resto soy yo.
Me Harté.

viernes, 28 de mayo de 2010

You are My Fucking Hero;

Cap.5~

[Cap.5] Narra Edward.
Simplemente no sabía lo que se me pasaba por la cabeza; no me divertí demasiado en toda la noche, pero si admito haber estado bastante ebrio; de ahí a que haya cometido locuras, realmente no lo recordaba…pero sin duda, la locura que estaba cometiendo en estos momentos, era la peor de todas.
Salí del boliche con James a cuestas; de las tantas pastillas que había tomado y de la cantidad de alcohol que había ingerido, ya no se sabía ni las vocales de memoria.
Iba sobre mi espalda, todo doblado, con sueño, murmurando tonterías y cantando la canción del carioca.
-pé pee pepepe pee pépee…- decía fuera de ritmo.
No sé que me pasaba, tenía la mente en blanco.
-¿Sabes que fue lo mejor? El trencito…definitivamente…pasa que Barni es un puto de mierda que no sabe como violarse a los niños de su programa…- hipo- maldito desgraciado, dinosaurio color violeta con verde manzana podrida, hijo de puta- murmuraba sobre mí, con la cara sobre mi hombro.
-Yaa, Yaa- murmuraba yo, de a momentos volviendo a la normalidad.
-¡Edward! Te chocarás a una anciana- dijo ene estado zombie.
-No, no lo haré
-Si, lo haráaas! Yo lo se…yo lo se…
-Bueno bueno-
Y pronto llegamos al hotel; subí el ascensor con James encima mío; tuve más tiempo de observarlo y se había roto dos uñas; una le sangraba aún un poco y la otra ya se le había cuabulado la sangre.
Me dio pena por el, siempre se arreglaba mucho y esta vez para nada. Ya había caído dormido, con todo el pelo en la cara y los labios extrañamente hinchados, rojos, que resaltaban con la piel blanca que tenía. Tenía la camisita azul a cuadritos toda desabrochada y manchada, solamente su remera de abajo blanca sobrevivía, y sus pantalones chupines estaban en un estado devastador, al igual que sus zapatillas, que siempre las mantenía limpias.
Estaba hecho un desastre.
Entré a la habitación con dificultad y luego de poder pasar a James por la puerta, lo tumbé sobre la cama, boca abajo.
Después de un momento de tirarme sobre el colchón acogedoramente cómodo y echar un suspiro de cansancio, noté que todo me daba vueltas y de que sólo quería dormir.
Me quité la ropa estando aún sobre el colchón, y luego de ponerme bajo las sábanas, apagué la luz desde el costado de la cama.
Luego sentí que James se movía; se calló de la cama y luego echó un insulto, se paró tambaleando y se dirigió al baño tan pronto como pudo. Pronto, comenzó a vomitar de cara al inodoro.
Fue asqueroso tener que escuchar todo el proceso, pero ya que éste capítulo tiene que ser largo…
Pronto se calmó y se fue a dormir; se quitó la ropa con pereza, pude escucharlo, y luego se tumbó sin taparse y durmió allí.
Aún estando como estaba, las sábanas que tenía eran muy pocas, y el acolchado muy fino. Por más que no quisiera, se moriría de frío.
Pasaron las horas, pues aún era de noche; no era tarde, serían como las cuatro de la mañana cuando salimos de allí. Lo que pasa es que la pasamos tan bien, que ni el tiempo medimos.
Por suerte, nos quedaba noche.
El resto creo que fueron puros sucesos. Luego de que me acosté a dormir, no sentí ni me acorde de mas nada; simplemente dormía.
Recuerdo que como a las cinco o seis de la mañana, me sonó el teléfono sobre la mesita de noche de al lado de mi cama. Me desperté por la alarma, obviamente, pero cuando me dí vuelta para tomarlo, lo dejé sonando, pues había otra cosa que había captado mi atención.
La cama era pequeña, una plaza y media, a lo sumo; pero me sorprendí tremendamente por cómo podían entrar mas de una persona en ella y ni siquiera sentirse. (O será que estaba tan ebrio que mis sentidos se habían apagado momentáneamente) La cuestión, que no lo sentí.
James estaba dormido a mi lado, de cara a mi, hecho una semi-bolita; tocándome con la punta delicada de sus dedos.
No entendía nada.
El tipo estaba limpio. Estaba en ropa interior y se ve que se había confundido de cama en eso de que no reaccionas por la bebida.
-“Bebe y no pienses”- reflexioné para mismo, a lo que sonreí.
Apoyé el codo sobre el colchón y con la mano sostuve mi cabeza para poder observarle con una sonrisa; se que el me quería como a un hermano, o algo así.
-Ey, James- le llamé moviendo unos pelos de su frente- James- volví a repetir, ya sacudiéndolo del hombro- Jaaamees- repetí golpeándole la cabeza con la mano- ¡JAMES!- dije ya enfadado, a lo que ahí reaccionó.
-¿Qué querés, Ed…? ¡¡¡PUTO DE MIERDA! SALÍ DE MI CAMA!!!
- o.o Espera! ¿¡Qué te agarró?! Si cuando me desperté ya estabas al lado mío todo durmiendo acurrucadito e.e
-A-ha ¿si?
-Si ¬¬
-Bueno no importa -rubor- salí de la cama.
-¡¿Porqué no te vas tu?! Esta es mi cama...
-Porque aquí es mas cómodo que allá -.-
-¿Y?
-N-nada, no entenderías.
Ambos nos quedamos quietos, pero no nos miramos.
-Ya fue, me voy yo.
-¡No, no! Está bien, quédate en mi cama, yo me voy a la tuya…
-No, Edward, no quiero nada. Dale, quedate en tu cama y yo…me quedo en la mía.
-Nooo, noo- prolongué- me haces sentir maaal!
-Sentite muy mal entonces e.e
- Que malo eres.
-Más malo sos vos por no dejarme dormir en tu cama,
-Dale- le dije mientras se acurrucaba en su cama y me daba la espalda- no seas asi.
-Ya soy así.
-Pero no entiendo, de última, ¿Qué diferencia hay entre tu cama y la mía?
Hubo un momento frío de silencio; la luz de la luna hacía brillar su cuello por pedazos descubierto por la sábana, y luego de soltar un suspiro entrecortado, masculló molesto y murmurando.
-Estabas calentito.
Y luego simplemente no se escuchó más nada; ni de parte de el, ni de parte mía
El resto de la noche no pude dormir.

Estaba soñando algo hermoso; que tenía que ver con una pradera divina y una casa donde vivía mi familia (la que nunca tuve) y que cuando llegaba yo a casa me recibían con un abrazo y una sonrisa, hasta que Susie comenzaba a darme almohadonazos y no, era James.
-AAAA PUTO ¬¬ ¿Qué te pasa?
-Nada, levantate.
-¿Pero qué pasa?
-Nada, que vamos a desayunar antes de que el salón de desayuno cierre.
-¿Qué onda? ¿Salón de desayuno?
-Si, tarado. Anoche Gerardo te mandó un mensaje para que nos encontráramos todos juntos.
-¿y Cómo sabes que me mandó un mensaje?
-Te revisé el teléfono- dijo dado la vuelta, mientras se colocaba una remera negra que decía algo raro.
Le contesté con un suspiro enfadado, pues odiaba que me revisaran las cosas. Le pasé por al lado y me encerré en el baño para asearme. Me lavé, me cambié, peiné y demás dentro del baño.
-¿No tomas una ducha? – dijo James desde afuera.
-No controles lo que hago – contesté.
-No, no es eso. Lo que pasa es que estas mugroso.
-Si, ya se.
-Y, ¿entonces?
-No nada, estoy mugroso.
-Ah bueno.- y no contestó más.
Luego cuando salí el estaba tecleando su teléfono sentado sobre la cama, muy concentrado.
-¿Vamos?
-Dale- y cerró su teléfono y me siguió al pasar la puerta por el pasillo.
Comenzamos a caminar sin decir ninguna palabra, por lo general, siempre era yo el que comenzaba a hablar; pero no se, hoy no tenía ganas de ello.
Bajams un piso de escaleras para ir al salón de desayuno y nos encontramos con los chicos.
Nosotros, éramos los únicos que no tenían cara de resaca. Antes de acercarnos por completo a ellos, le pregunté a James murmurando:
-¿Te duele la cabeza?
-No, apenas si siento una pequeña presión.- me contestó con un murmullo.
Aparecimos y nos sentamos en los lugares, mientras todos se quejaban o casi ni hablaban.
Cuando James y yo nos sentamos, nos miramos todos contra todos, y con sonrisas burlonas, comenzamos a reírnos despacio y después terminó en una guasada.
-Noo, boludo, ¡que bueno que estuvo lo de anoche! – acotó James con una sonrisa enorme, tirándose hacia sobre el respaldo de la silla y las manos en la cara.
-¡Mal! ¡Fue lo mejor! Hay que repetirlo- Dijo Gerard.
-Pero sin que Bert vomite- dije mirándolo.
-Vamos Edward, tienes que vomitar cerca de una pared para darte realmente cuenta que incluso las paredes están de tu lado, amigo, ¿entiendes?
-A-algo así- tartamudeé-
-¿Y vos Mickey? ¿Qué hiciste anoche?
-Nada- dijo serio, tomando un sorbo de café.
-No dale, ¿qué hiciste?- prosiguió James.
-N-ada…
-Aah, mira que a mi me podés decir, ¿eh?
-Si, James, ya sé. Lo que pasa es que no hice nada interesante. Para todo el mundo soy un nene chiquito y me molesta.
-¿Entonces no hiciste nada?- guardamos todos silencio mientras Gerard le preguntó aquello.
-No exactamente.
-¿Y entonces?- siguió Bert.
-Nada, salí con un amigo.
-¿quién?- pregunté yo.
- Jared.
-Ah- dijimos todos.
-Más te vale tener cuidado con Jared -.- ese tipo no me calló demasiado bien.
-No digas cosas que no son, Gerard. Si no lo conoces, no lo juzgues.
-Bueno, pero solamente te estoy informando.
-Tendrías que hablar con el, algún día- murmuró mirando un punto ciego y con una sonrisa.
-Si, podría ser.
- ¿En serio?- preguntó con casi entusiasmo.
-No, solo decía.
-Bueno, tú te lo pierdes.
-¿De veras?
-Más o menos.
-A ver, ¿y de qué cosas hablaron? – le preguntó Gerard.
-¡Qué te importa!
-No vamos, dime.
-Gerard, no te interesa, enserio. – dijo empinando la taza de café y acabándola toda.
-Fue, no importa.- dijo al fin, resignado y se apoyó en el respaldo de su silla.
Antes que el silencio naciera de entre nosotros, Gerard volvió a hablar. Se ve que odiaba tanto como yo el solo hecho de que el silencio volviese a aparecer.
-¿Cómo durmieron anoche?
-Bien- respondió Bert-
-Buenísimo- aportó Mickey con una sonrisa.
-Mejor que nunca- aportó Cameron, quien no había abierto la boca desde que comenzamos a hablar.
-Re bien- contestó James completamente neutro y mirando a un punto fijo.
-Con James.- dije mirando la taza bacía frente a mí.
-¡¿QUE?!- dijeron todos juntos y James me fulminó con la mirada sorprendida.
-Nada, boludos, se la re comen ustedes e.e ¿De verdad se piensan que dormiría con el? Dios ¬¬
Entre nosotros no se escuchó ni una palabra más; y el suspiro largo y entrecortado de James me comunicó que estaba harto o resignado.
Todos guardamos silencio y creo que ni incluso Gerard podría creer que al segundo día de estar en Villa Gesell ya estaríamos en esta situación.
-Entonces…- dijo Cameron- ¿Qué haremos hoy?
-Tenemos tiempo de pensarlo- dijo Mickey.
-Lo que sucede es que estaremos solo…semana y media aquí, y pensaba que habría que disfrutar al máximo todo esto.
-Si, es verdad- acotó Gerard- ¿Vamos a la playa?
-¿A que? ¿a que se nos llenen los pantalones y sándwiches de arena?- acotó James cursándose de piernas sobre la silla.
-Vaamos, no seas así- dijo Mickey- si no vamos a la playa, ¿dónde más iremos con un tiempo tan hermoso?
-¡Y yo que se!
-Bueno, al menos ponle onda- acotó Gerard.- Ah, ya se que es lo que te gustaría hacer a ti, James.
-Sin bromas Gerard, por favor no hagas bromas- advirtió viéndolo monótono.
-No, para nada. ¿Qué dicen de ir a andar en cuatriciclo por los médanos?
Todos observamos a Gerard con caras de niños pequeños; entusiasmados y a punto de gritar todos al unísono que nos volvíamos locos por hacer eso.
-C-Con mucho gusto *-* - contestó Cameron, con una enorme sonrisa en el rostro. Creo que todos teníamos la misma expresión.
-¿Enserio, Gerard?- continuó James, ya excitado.
-Si, ¿Cómo podría estar bromeando con eso?
-Aaaa que genio *-*
-¿Viste? Mi hermano es un genio- siguió Mickey.
-¡Aaaa yo quiero que mi cuatri se de vuelta!- comentó James a lo que todos reímos.
-Aa yo quiero usar casquito *O* me acuerdo que un día me puse uno y me sentí mejor que Iron Man- conté entusiasmado, ya acomodándome sobre la silla y todos rieron nuevamente.
-No me lo imagino a este pelotudo con el casco puesto y haciendo ruidito de la pelotita brillante que tenía Iron Man en la mano- acotó James entre risas.
-Si- siguió Gerard- seguro que era un foquito bajo consumo.
-Ey, no se rían de mi infancia, flaco- dije con una sonrisa a lo que se siguieron riendo. Ya con estas cosas íbamos mejor.
-Ey, ¿ya terminaron el desayuno?- cuestionó Mickey.
-Da, este tipo ya quiere salir rajando- acotó James, sonriente.
-¡Sábelo! Pero, ¿no estará caro ahora que es temporada?
-Nah, no creo.
-Yo creo que si. El amigo de un amigo mío dice que fue a andar a uno de esos y que por poco le arrancan la cabeza por el precio.
-No seas asi- dijo Mickey entre risas- de seguro no está tan caro. Y si está caro, ya fue, el dinero va y viene siempre, estamos de vacaciones y hay que disfrutarlo al máximo, ¿o no?
-Si, pero tampoco fumarse toda la guita en el segundo día.
-Mm- dije asintiendo- es verdad.
-Bueno, ya fue. ¿Vamos?- dijo Gerard.
-Tiii *-* Zo quiero que me tire el cuatri *O* y y, me sangra la cabeza como el nene de la película que tenia el casquito y se pegaba la cabeza contra la pared y, y Huuuuu *-*- decía James agitando los brazos como un niño pequeño.
Comencé a las carcajadas porque no podía contener la ternura que me daba verlo hablar de esa manera. Todo el resto me seguía así que no había de qué preocuparse.
Pronto salimos todos, luego de tomar alguna que otra provisión para el camino.
Cuando estuvimos todos afuera del hotel, comenzamos a discutir quién conduciría.
-Dale, Cameron fue todo el camino y ahora me toca a mi- dijo Gerard atinando a subirse a la camioneta-
-Ah, ah, ah, ah- dijo rápido Bert, mientras le tomaba de la cintura para que no entrara en el auto- es la camioneta de Cameron, es cierto, y el condujo todo el camino, es verdad, pero creo que debería conducir yo.
-¿¡Vos?! ¡Cameron, nos quiere matar! ¡Se va a dormir como una morsa y nos vamos a matar todos!
-Bueno, fue, no manejo yo y listo -.-
-Uh, Pobre Bert- dijo entre risas James.
-Da, loco. Que maneje Gerard y a la mierda- sugerí apoyado contra la camioneta
-Da, tiene la razón- dijo James.
-Uh, loco, que manga de putos que son. Mínimamente háganme el aguante…- acotó Bert mientras todos nos subíamos a la camioneta sin acotar nada.
-Daaa ¬¬ Ya van a ver.
-No no, ¿sabés que no?- le dijo James.-
-AHAHAHA XD amo que sea así de forro- rió Gerard.
-Si, todo el mundo me ama.
-Edward- tosió Mickey como si tuviera un gato atravesado por la garganta.
Todos rieron en la camioneta menos el y yo.
-Ha-ha-ha- decía el mirando a la ventana, mientras Bert se subía-
-Fue- dijo Cameron mientras sacaba un mapa de la guantera.
-Che, que ¿no saben llegar?
-Yo si, porque una vez un amigo…coso, me dijo que…estaba la…Hem…cosa por aquí cercaaahadsgsaghssj
-EH?!
-No se, tu hermano habla para adentro cuando sabe que tiene el culo cerrado o sucio XD
-Si, o sea, sucio ya se que lo tiene…pero lo de cerrado XDD
-Ah, cómo sabes, ¿eh?- acotó Cameron.
-Da, no me jodas. La cantidad de veces que le viste el culo a Bert y yo no te dije nada e.e Mas respeto ¿eh?
-Ay que choto que sos e.e hablas de respeto y cuando podes nos metes un palo en el orto.
-EEU ¡FLACO! ¿Pueden parar con los culos? Suficientes ví anoche- dijo Cameron poniéndose las manos atrás de la cabeza.
-Boludo ¡para!
-¿Qué paso?
-No, que, todos sabemos mas o menos que mierda hicimos anoche, pero, ¿Qué carajo hizo Cameron toda la noche?
-Boluudo, qué buena pregunta.
-Aah viste? (H)
-Da, córtala, súper-ego.
DOS HORAS MAS TARDE.

-Che, quiero ir al baño.- dijo James sentado sobre el techo de la camioneta.
-James, no jodas, quédate ahí arriba mientras Cameron y yo arreglamos el motor, ¿quieres?
-Bueno, Gerardo, no es para que te la agarres conmigo- dijo aún sentado.
-¿Alguien sabe que pasó que nos varamos al costado de la ruta?
-Por Dios, Bert. ¿Recién te das cuenta?
-Perdón, me quedé dormido.
-Dime algo que yo no sepa e.e
-Bue u.u
-Se rompió el motor- dijo Gerard.
-No, es que se calentó la mierda esa que hace que el auto ande bien, ¿no ves que le sale humo?
-Bueno, soy hombre pero no se de autos.
-Igual, le falta una cosa al motor.
-¿QUÉ? ¿CÓMO?
-Si, le falta la cintita adhesiva negra esa para los cables del carburador...
-Pero… ¿no es la misma cintita que está pegada al estéreo para que ande?
- o.o ¿Q-quién la puso ahí?
-Eh…antes de venir…me dijiste que arreglara el estéreo y…como que no tenía cinta y estábamos revisando el motor y..te pregunté si ese pedazo servía y me dijiste que no, entonces yo fui y…
-M-Mikey ><>

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cap.4~

Estábamos todos preocupados por Mickey; no sabíamos donde podía estar y eso nos ponía a todos los pelos de punta, o al menos eso creía yo.
-¿No te das cuenta que sos un pelotudo, Cameron? ¿Cómo mierda te vas a ir de la habitación sin avisarle y sabiendo lo impulsivo que es Mickey? – lo regañaba James, cruzado de brazos, mientras caminaban por medio del paseo de los artesanos.
-Ahora sigo yo, ¿no?- saltó Edward
-No Edward, no decís nada- calló James tratando de hacerle una broma.
-Cállate tu, enano. Decía, Si tan preocupados están ¿Porqué nadie lo llama al celular?
-Te pensás que Gerardo es pelotudo, ¿no? Ya lo llamó pero no contesta nadie; se ve que dejó el teléfono en la habitación.
-Mm, puede ser.- acotó Edward.
-No se, yo estoy resignado- se sumó Bert.
-¡Bert!- exclamó Cameron- ¿Cuándo llegaste? No te noté.
-Da, no seas así, vine todo el tiempo con ustedes..
-AUSENTE- dijeron Edward y James al mismo tiempo.
-Bueno fue. ¿Nadie sabe donde podría estar?
-No, ni idea.
-Entonces empecemos a preguntar en los negocios- aporté.
- Ja, si, ¿estar toda la noche preguntando por un pibe de gorrito y lentes por el Paseo de los Artesanos toda la noche? Es un lugar grandísimo y son muchos negocios…
-Es lo único que nos queda- finalicé-

Luego de dos minutos más de discutirlo con James – quien ciertamente estaba algo más molesto de lo normal -, comenzamos a dividirnos cada uno por su lado y así poder preguntar más rápido en los negocios.
Entré a un montón donde había muchos sahumerios, y ya estaba medio drogado de oler de tantas especies diferentes. Había casas donde vendían desde abrigos, hasta café, duendes de porcelana hasta mermelada casera en frascos extraños. Todo era raro…pero muy lindo. Pero lo que mas preocupaba, era que en todos nadie había visto a Mickey.
El último negocio al que entré, fue al de un oculista, quien esperaba paciente por el cliente x que no llegaba; hasta que entré yo.
-Si- dijo ni bien entré- ¿en qué puedo ayudarle?
-Es que estoy buscando unos lentes que encargué la semana pasada…na mentira, vengo a preguntarle si no vio a un chico un poquito mas alto que yo, flaquito, con un gorrito de lana y anteojos.
El tipo no me contestó, pero supe por su expresión enojada y por cómo se ponía rojo de repente que debía irme antes de que terminara con el mostrador como sombrero.
Salí sigilosamente y sin decir una palabra; afuera hacía frío. Caminé no mas de dos negocios más y por lo lejos divisé a James con Edward, así que deduje que el resto estaría cerca.
Pronto, pasé por el último negocio que me quedaba, que era uno de ropa, pero no tenía ganas, y frustrado lo pasé de largo. Pero al ver la silueta que tanto estaba buscando, entré como un desaforado en el local.
-¡Michael!- dije casi en un grito pelado-
-¿Gerard?- contestó casi asustado, sosteniendo una campera negra con una percha en la mano.
-¡Ay Dios! ¿Dónde mierda te habías metido? ¡No te das una idea de lo mucho que te anduvimos buscando por todos lados, Michael, Dios! ¡No vuelvas a hacer eso de nuevo!
-Ah ¿no te parece que ya estoy grande para cuidarme solo, Gerardo?
-Ay la puta, ¡no me digas Gerardo!
-Yo te digo como quiero, puto.
-Bastaa ¬¬
-Puto
Le pegué la cachetada de su vida, casi le arranco dos muelas y sentí cómo sus neuronas se movieron por el impacto.
-Peendejo insolente-
-¿Qué te pasa, puto?- dijo Mickey tomándose la mejilla y pegándome con los puños. Casi nos agarramos a coscorrones dentro del local si no hubiera sido por…un desconocido.
-¡Ey ey!- dijo poniéndose en el medio un joven con una cresta y los ojos claros- ¡Paren un poco!- dijo mirándome- ¿Qué es lo que les suce…? ¿Mickey?- dijo mirando a mi hermano- Ey, ¡creí que no ibas a venir si no hasta mañana!
-Da, ¿Quién mierda eres?- le dije- Michael, ¿lo conoces?
-Si, lo conozco ¬¬ Se llama Jared.
-Bueno, dile que ya nos vamos.- y le tomé de la muñeca arrastrándolo hasta fuera del local, ignorando toda la sarta de insultos que me había dicho y la cantidad de piñas que me había pegado en el brazo en todo el lapso del camino.
-¿ME QUIERES DECIR QUE MIERDA TE PASA POR LA CABEZA, GERARD? ¿Acaso ya no puedo ni siquiera salir solo, la puta madre?
-¡No! Lo que pasa es que tendrías que habernos avisado, al menos.
-No se, Gerard, el puto de Cameron no me dijo nada y me dio por las manos que se hayan marchado sin mi. Me fui al boulevard a fumar y conocí a Jared.
-Como sea…- dije cruzándome de brazos- ven, vamos con los chicos- y lo tomé por la nuca, como siempre hacía cuando salíamos por la calle. Tomarle del cuello a mi hermano era algo que hacía siempre y no sabía por qué; pero el siempre se quedaba tranquilo. Frustrado, pero tranquilo.
-¿Van a salir?
-Ojala que si; pasa que ya es tarde.
-¿Qué hora es?
-La una.
-Es Villa Gesell, esta hora es pico. ¿Seguro no vas a salir?
-Yo por mi parte muchas ganas no tengo, quiero mas que nada tratar de ingerir algo y después dormir…siento como si hubiese sido yo el que manejó durante ocho horas y no Cameron.
-Que vago de mierda que eres- me dijo entre risas, faltando pocos pasos para llegar al resto de los chicos.
-MICKEEEEEY- le gritaron cuando lo veían venir. Se le tiraron encima y lo abrazaron; al segundo y medio comenzaron las puteadas y hasta James le bajó el gorro e indefenso comenzó a tantear para quitarse la gorra de los ojos.
-…que puto de mierda- se escuchó por último.
-Ey, tranquilo que es mi hermano, eh?
-Ay ay, el y el hermano- acotó Cameron.
-Cameron, mejor cierra el culo.
-Bueno, guys, ¿me quieren decir que mierda van a hacer de sus vidas?- saltó James con una sonrisa extensa, tocándose la punta de los dedos, algo impaciente.
-Ya vaaa, ¡man!
-No se, ¿que quieren hacer ustedes?- dijo Edward.
-No se, chicos, yo quiero Salir y conocer minusas- dijo Cameron.
-Qué raro Cameron con ganas de coger.
-Bueno bueno…em.
-Che, flaco- saltó James- dejémonos de joder, vallamos al Buró de acá a la vuelta y ya fue.
-Si, mejor- dijo Cameron, dirigiéndose a la esquina.
-Si…ya fue- dijo al fin Edward, a lo que todo el resto lo seguimos.
No me vendría mal joder un poco, después de todo…a nadie le viene mal divertirse.
Llegamos a los pocos pasos, James por el frente, y nosotros atrás y cuando llegamos, por suerte, no había demaciada fila.
Esperamos un poco afuera del lugar mientras comenzaban a llegar tanto chicos como chicas de todas clases.
Cameron les silbaba y ellas sonreían.
-Mm, mamita!- murmuró Cameron cuando le pasó una por al lado. –Loco, ¡cómo me gustan las rubias!
-Da, son todas taradas- dijo James.
-No se, ¿tú que prefieres?
-Edward- tosió Mickey codeando a Cameron, a lo que todos comenzaron a reír menos James y Edward.
-No, yo quiero una minita anti- concluyó.
-Bueno, ya vas a encontrar- le palmeé el hombro.
Pronto llegamos hasta el final de la fila y un guardaespaldas del tamaño de la camioneta nuestra estaba al lado de la puerta, custodiando la entrada.
Comenzamos a pasar y no había ningún problema, pero cuando llegó a Mickey, el grandote lo detuvo con una mano en el pecho.
- Los menores no se permiten- dijo con la voz gruesa.
-¡Vamos! ¡Soy mayor de edad!
-Documentos, por favor.
-No los tengo- refunfuñó Mickey.
-Entonces lo siento, pero no podrás pasar.
-¡Pero espere! Si viene conmigo!- dije mostrándole mi documento para que viera que soy mayor.
-Si, pero por mas que tu seas mayor y vengas con el, el no puede entrar.
-Entonces, ¿porqué al resto no les pidió documento?-
-Porque no tiene cara de niño- dijo al fin.
-Entonces, ¿podemos pasar o no?
-Sin documento, no hay entrada-
Mickey respiró profundo, inhalando y exhalando el aire frío de la noche; nos quitamos de la fila y jamás dejé de mirar la notoria frustración que tenía en el rostro.
-Lo siento, Mickey.
-No, no es tu culpa, hermano. Es mi culpa por no…traer documentos ni tener cara de nene grande- dijo con la mirada pegada al suelo.
-Vamos- le dije – no te pongas así. Ya saldremos en algún otro momento. Si no tenías que entrar hoy, era por algo…¿no lo crees?
-Podría ser- murmuró sin despegar la vista del suelo- Como sea. - prosiguió – Iré…a caminar por ahí, en el paseo de los Artesanos un rato más, compraré cigarrillos e…iré por la playa; tu diviértete con el resto.
-¿Estás seguro?
-Si…como sea- dijo decepcionado.
-Bueno- contesté inseguro- cualquier cosa me llamas al teléfono; no valla a ser que te vuelvas a perder.
-Si, buscaré mi teléfono del hotel, primero entonces.
-Bueno, adiós. Cuídate.
-Si, lo haré, Bye. – se despidió sin mirarme, se dio media vuelta y se fue.
Hice lo mismo y entré al lugar; donde todo era oscuridad alumbrada por luces de colores, en flashes, blancos, verdes, amarillos, rococoes en fucsias, violetas, azules, amarillos y muchos otros. La música me reventaba la cabeza y el bullicio de gente gritando y tratando de entenderse por medio de gestos incomprensibles, me apretaban y Nome dejaban avanzar.
Ubiqué a los chicos bailando por diferentes puntos; a Edward tomando una copa, a James bailando entre la gente, a Cameron haciendo de las suyas y Bert…no sabía donde estaba.
Comencé a bailar, sin tener idea como se hacía o si realmente se debería bailar.
-Hey- sentí una voz detrás de mí. Me di la vuelta y una chica colorada con mechas rojas y amarillas me tocó el hombro, mirándome fijamente, entre las luces. A pesar de estas, sabía ubicar bien mis ojos. Su sonrisa era enorme y los dientes delanteros los tenía separados; era petiza, por cierto, pero muy, muy bonita.
-Hola- dije sonriendo y bailando al mismo tiempo, siguiendo su ritmo extraño.
-¿Vienes siempre aquí?- dijo acercándose a mi oído.
-No, es la primera vez que vengo- dije casi gritando, porque la música subía cada vez más el volumen.
Contestó, pero no pude entenderle. Solamente seguimos bailando y pronto llegaron los otros chicos, haciendo bullicio, bailando en trencito.
-Eeeeeeh guachooo- gritaba James, agarrándose de la cintura de una de las chicas- está re groso esto, boludoooo!- me gritaba poniéndoseme sobre los hombros y sonriendo fiesteramente- dale culiao, vamos a hacer el trencito con…APA- dijo al ver a mi acompañante- ¿Quién es la muñeca esta?- pronunció sin dejar de mirarla, a lo que ella sonrió más ampliamente.
- No sé- respondí
-¿Cómo que no sabes?
-No, no sé- a lo que ella comenzó a reír.
-Mirá, pelotudo, se ríe de lo inútil y poco caballero que sos- comenzó a decir, a lo que ella comenzó a persistir en la risa.- a ver, corretee, que esta bestia te va a enseñar cómo cuidar de una muñeca tan preciosa- dijo tomándole la mano y mirándola seductoramente; a lo que la chica sólo se mordió los labios y pocos momentos después estalló en carcajadas que nos dejaron en seco.
No podía parar de reír, y pronto, entendí el chiste.
-AHAHAHAHAHAHAHAAH -se reía – Tu…tu HAHA tu acento! ¡Dios! ¡Tu Acento!
-Daaaa, se va a la reputísima madre que los parió a todos; a la mierda el carioca, los sombreros, la espuma, la mina esta, vos, yo todos ¬¬ Me voy con Edward.
-Si, anda, comételo- le dijo Cameron llegando desde atrás, mientras la joven seguía riendo.
-Perdona a mis amigos- dije acercándome a su oído- ¿cómo te llamas?- mientras hacíamos que bailábamos.
-Hayley- me dijo sonriente - ¿y tu?
-Soy Gerard- dije bailando, a lo que ella rió.

Pero no, todo el resto fue muy rápido.
Aún no recuerdo el momento en el que la fiesta realmente comenzó a estallar y todos nos volvimos locos, borrachos, fiesteros y no podíamos parar de gritar.
Cuando quise recordar, todo eran flashes. Cameron saliendo del baño de mujeres todo lleno de besos rojos por el cuello y la cara, con la camisa desabrochada y un collar carioca; James entre gente que ni el sabía si conocía, pero bailaban apretados de todas formas; Bert y Edward se hicieron mi gran misterio en toda la noche y en cuanto a mi…no pude recordad cuál fue el momento en el que, tanto a Hayley como a mi, estuvimos tan locos y ebrios que nos encerramos en uno de los baños y comenzamos a hacer de las nuestras.
La colorada se movía bien, habría que admitirlo.
Cuando terminamos, Salimos de ahí a los besucones, risas, carcajadas, y tropezones.
La noche se había pasado rápido, y cuando menos quise recordar (nuevamente); me encontraba fuera del local, con un dolor de estómago que me partía en cuatro y Hayley sosteniéndome la espalda mientras yo vomitaba afirmado contra una de las paredes de afuera del lugar.
-¿Ya estás mejor?- me dijo agachándose y viéndome la cara.
-Si, eso creo- seguí vomitando.
-Dios, que asco.
-Lo siento, no fue mi idea.
-No, está bien; he visto peores- dijo entre risas nuevamente.
-Ya, ya- dije poniéndome derecho- ya estoy listo- dije algo mareado, a lo que ella me tomó del brazo y comenzamos a caminar fuera de allí. Pronto nos siguieron Cameron y Bert, Edward Y James, se convirtieron en el misterio.
Todo el camino gritando y cantando tonterías; en medio de la calle silenciosa, con todos los negocios cerrados y todo el mundo durmiendo.
Dios, ¡qué noche!
Pronto llegamos al hotel y Hayley me despidió con un beso sobre los labios suave, y luego se fue tambaleándose y con una sonrisa amplia en el rostro.
-Uh, Gerard, qué buena que estaba esa petiza- me dijo Cameron, pero no le contesté para no llenarle de vómito las expectativas.
Entramos en el hotel y luego Cameron se fue a su habitación, solo, murmurando tonterías y pronto luego me fui yo a la mía.
Luego de haber subido por el ascensor, no recuerdo más nada.
Solamente que llegué y que me tiré en la cama y…ahí me desmayé; en un segundo.
Ya no entendía nada.